viernes, 8 de agosto de 2014

Zarandeando certezas.


         Anoche, ante un plato exquisito de zamburiñas, a mi mente dispersa le dio por manifestarse y no pude evitar pensar “Esto es lo más cerca que yo voy a estar jamás de hacer el Camino de Santiago”…. Y, acto seguido, mi personalidad paralela me susurró aquello de “Sí, sí, bonita. ¿Cuántas veces has tenido que comerte tus palabras después de decir  de esta agua no beberé?”

         Hace poco, parafraseando una de esas citas que pululan por internet, me dijo mi hijo mayor, cuando le pregunté si se me notaban los kilos de más: “Mamá, el cuerpo está compuesto por un 90% de agua. Más que gorda, estás inundada”… Ya sabéis de donde viene ese sobrepeso: de toda el agua que prometí no catar. Y últimamente me he dado un atracón. Juré y perjuré que nunca subiría en un autobús urbano. Cuarenta años pensando que era una experiencia que prefería no tener y de repente, me quedo sin coche, sin taxi disponible, sin tiempo para esperar y veo un rectángulo verde que promete llevarme donde debo estar. Allá va Cristina, a las cuatro de la tarde, con sus lentejuelas (pocas, que era de día, pero existentes), sus tacones, sus collares XXL, su bolso rojo y su melena al viento (figuradamente, que no corría una triste brisa), subiéndose a un autobús. He de decir que lo único que me disgustó del viaje fue el hecho de que no hubiese un mal paparazzi que captase el momento histórico. Bueno, eso y un señor que, al notar que casi me caigo en una curva (y eso que iba sentada) me dijo, muy ufano él: “Señora, no es usted carne de autobús”. Con mi cara más digna, le respondí “No, señor, no. Mis amigas me dicen que soy más bien carne de telediario. Así que cuidadito conmigo”... Lo tenía merecido. Por llamarme “señora”.

         Pero es que los desconciertos existenciales sobre mis propios gustos no han quedado ahí: desde que tuve edad para ello, nunca he salido sin maquillar de casa. Afortunadamente, había tenido mi careta de la Señorita Pepis para practicar y se me daba de maravilla, así que creo que no parecía un payaso (por eso, al menos). Este año he roto la regla. Un poco. No del todo. Para días y planes muy sport y contados. Media mañana aguanté, en realidad…. De esto sí existe documento gráfico porque tuve que probárselo a mi hermana. La culpa es de Nuria Montes y su blog, en concreto éste, en su “Puesto nº 1”: http://lascarries.wordpress.com/2014/06/05/la-alquimista/. Además, me he apuntado a un gimnasio contraviniendo todas mis ideas al respecto. He descubierto que el estar inscrita no adelgaza ni te pone en forma, que también he de ir. Puede que lo haga. El día menos pensado. Tienen piscinita y sauna. Cuando inauguren la peluquería voy fijo.

         Partiendo de la base de que yo creo que el verano fue una broma pesada que se le ocurrió a Dios en un día tonto pero que, como alguien le rió la Gracia (la famosa "Gracia de Dios"), cual niño pequeño, Él la repite todos los años (seguro que la playita y todo eso está fenomenal pero no son necesarios 40 grados), he de confesar que el estío me agota, me pone de mal humor, me ralentiza y me dilata (un 5% del 10% que no es agua en mi cuerpo es pura dilatación, no gramos extras), así que esos pequeños cambios de opinión suponen una refrescante sorpresa que me revelan un misterio sobre mí misma y me hacen sonreír, sacuden mi perspectiva y me sacan de la rutina por el simple hecho de dejar de ser yo durante un segundo, sumar una experiencia que me habría sido ajena de mantener mis convicciones y conseguir convertirme en un yo más amplio (espiritualmente, me refiero, que el temita del peso está siendo recurrente en este post, sin venir a cuento porque estoy la mar de estupenda).

         He entrado en racha. Voy a cambiar todos mis "Jamás beberé de esta agua" por un "¡¡¡Madre mía, lo que me estaba perdiendo!!!" o  un "¡¡¡Pues no está tan mal!!!", según el grado de satisfacción. A malas, podré decir, con conocimiento de causa "Jamás volveré a beber de esta agua".  En el camino me voy a divertir y me voy a descubrir. También me voy a caer, figurada y literalmente, que recuerdo yo, cuando salieron los zapatos de cuñas tremendas, que afirmé rotundamente: "¡¡¡Never de never (políglota que es una) me voy a poner yo unos zapatos así, que hacen pie de coja!!!" Ahora, la que va a terminar coja soy yo de los tortazos y derrumbes que sufro por las alturas que alcanzo con mis fashion-cuñas...

         Una vez le dije a Ariel que probara las ostras. Me contestó: "Nunca las probaré. Me da angustia verlas". En mi papel de madre emprendedora, le animé: "Venga, cariño, sólo una. ¿Qué puedes perder?". Él me miró con ironía y me respondió: "¿Bilis?"... ¿Que por qué cuento esto que destroza mi anterior entusiasmo?. Pues para que sepáis que soy consciente de que hay límites: de ningún modo me pondré bermudas; jamás comeré Marzu de Casu; nunca anunciaré el final de un asalto en un ring de boxeo con un biquini rojo lleno de cuentas de cristal; en mi vida veré la saga de Saw... ¿O sí?...
 

        

        

lunes, 30 de junio de 2014

Lunes tormentoso.


Tengo un nudo en el estómago y sospecho que me lo ha hecho Popeye: marinero y fuerte, fuerte. Una es nerviosa y, cuando tiene acumulación de estrés en un punto concreto del abdomen, el mal humor se expande y al pobre incauto que me dice: “¡Buenos días!”, le contesta la posesa con un “¡¡¡Por qué tú lo digas!!!”… Afortunadamente, sólo me salen gruñidos y, como no se me entiende, he quedado como mema antes que como maleducada, lo cual es mucho mejor, no lo dudéis.

Mi Legión de Demonios y mi Legión de Ángeles están en actividad máxima, decidiendo si me sumerjo en la nube negra o utilizo mis superpoderes para despejar el día. He de aclarar que yo no cuento, como todo el mundo cree, con un diablillo en el hombro izquierdo  y con un querubín en el hombro derecho. No. Yo cuento con un número ingente de cada bando, discuten entre ellos, con los otros, conmigo y con mi masajista, que se empeña en decir que me duele la espalda por la postura y la presión… Sí, sí, pero por la presión de tantas almas inmortales sobre mi pobre y esbelto (creo que es lo único que me queda esbelto) cuello. Y, aunque parezca una decisión fácil, no lo es porque, a ver, ¿por qué narices no puedo yo estar de un humor horrible un día cualquiera?. Vale, soy más feliz cuando estoy contenta (frase muy pensada, como veis) pero la mala baba también tiene sus ventajas. Hay algunas de esas utilidades ya referenciadas por un señor australiano, aunque el estudio parece alusivo a personas con un mal humor medio y constante (cosa que no recomiendo jamás aunque ello te convierta en la persona con más beneficios del Universo conocido), así que os dejo el enlace y no reitero, que me cuesta mucho hacer chiste de los parabienes del "mal rollito" y, puestos a ser didácticos, demos el honor al pobre hombre que se lo ha trabajado: http://www.abc.es/20091104/ciencia-tecnologia-biologia-neurociencia/humor-sintoma-rapidez-mental-200911041900.html.

 Hablo del mal humor como estado transitorio, no de la bordería ni de la depresión ni de la falta de respeto. Hablo de un día en el que te levantas con una visión molesta del mundo, pero del resto del mundo. Tú te gustas. Son los demás los que fastidian. Un día de esos en que miras con sospecha, adquiriendo un toque asiático al entornar los ojos que te hace más exótico. Un día en el que entras en las rotondas buscando guerra, que, como a la primera estén todos los conductores respetando las normas de circulación, das dos o tres vueltas más hasta que encuentres al despistado al que puedas pitarle y desahogarte lleno de razones.

Yo, además, sufro una reacción química que elimina cualquier filtro civilizado que pueda tener. He ido a una entidad bancaria a presentar mi declaración de la Renta y, que conste, no ha sido la perspectiva de ello la causa de mi ánimo tormentoso, primero, porque me devuelven y segundo, porque le paso el marrón de su confección a mi cuñado y yo me dedico a otros menesteres menos tediosos (¡¡¡Gracias, Orlando!!!). Nada más sentarme ante la señorita encargada de sellármela, me ha dicho indignada. “Es el último día de plazo. ¿Por qué lo presenta hoy?”. Le he contestado con mi mejor sonrisa (envenenada): “Pues porque no puedo hacerlo mañana…”. Para rematar, a los cinco minutos de salir del Banco, ha sonado mi móvil. Un número de Madrid. Ello significas (salvo que vivas en Madrid o tengas conocidos de la mencionada Comunidad tan especiales que aún utilizan el teléfono fijo para algo más que ser el soporte necesario y obligado del ADSL en casa) que te quieren pedir o vender. Normalmente, no atiendo esas llamadas pero hoy es la excepción: en un día turbulento que te telefoneen esas empresas siniestras es un regalo ideal, un desahogo. Efectivamente, una señorita muy amable (que la pobre bastante mérito tiene: no me extrañaría que deba ocultar a su familia a qué se dedica) me ha ofrecido que me pase a otra compañía proveedora de telefonía. Ha preguntado por mí. Sabiendo lo que venía detrás, le he dicho que era su (mi) hermana. La conversación ha sido la siguiente (lo prometo por lo más sagrado):

Ella: ¿Está usted autorizada a contratar en nombre de su hermana?.

Yo: No, lo siento, mi hermana y yo no nos hablamos.

Ella: ¡Pero lleva usted su móvil!.

Yo: Bueno, es que no nos hablamos porque la pobre está en coma…

Ella: Lamento oír eso. ¿Es muy grave?.

Yo (con mi voz más suave): Noooo, mujer, no. Sólo es un coma. Grave es el punto y final.

Ella: Me alegro. Entonces volveré a intentarlo en unos días, si le parece bien.

Yo: Estupendo. No se preocupe que, en cuanto la despierten, se lo digo.

Ella: Gracias por atenderme. Tenga un buen día.

Yo: Igualmente, ha sido un placer haber hablado la una con la otra, aunque no haya sido de lo mismo…

         Lo malo de todo esto es que lo absurdo de las situaciones que crea mi mal humor es la medicina contra el mismo y se me ha pasado poco a poco, así que he dejado sin argumentos a cuanta criatura celestial e infernal habita sobre mí y me he ido más feliz que un ocho a casa. Al llegar y encontrarme a Ariel un poco cascarrabias (se ve que estaba en el ambiente hogareño), le he contado lo del análisis académico sobre las prerrogativas del mal humor y le he dicho que lo disfrute un ratito. Me ha mirado como miran las vacas al tren y me ha informado: “Mamá, no estoy de mal humor, estoy más bien de un humor negro”. Yo le he respondido, de pasada: “Pues eso no tiene ventajas, así que cambia el ánimo”. Sin mover un músculo, me ha discutido: “¡¡¡Claro, que tiene ventajas!!!”. Sorprendida, lo he retado: “Dime una, listo”… Con media sonrisa, me ha comunicado: “Es mi humor de fondo de armario: el negro siempre es elegante”… Ahora mis mensajeros divinos y mis representantes satánicos están discutiendo sobre las bondades de volver a mi inicial hosquedad o, directamente, volverse ellos a su Origen y pedir el traslado…

miércoles, 11 de junio de 2014

El arte de los impresionistas.


Mi hijo mayor me ha preguntado, mientras estaba arreglándome para empezar mi jornada laboral, si podía llevarles por la tarde, ahora que no tienen clase, a él y a dos amigos, al centro comercial y volver luego a por ellos. En mi papel de madre abnegada pero un poquito quemada, le he contestado: “¡Claro, cariño, como siempre!... Y qué lástima lo de tus amigos… Todos huérfanos… Sin una madre que pueda recogerlos en alguna ocasión…”. Hugo me ha replicado, con condescendencia: “¡¡¡Mamá, no son huérfanos….pero es que sus madres trabajan!!!”… Aclarado el tema le he hecho saber que haría un hueco para ejercer de chófer entre mi partida de bridge y mi cita en el spa… Una vez que ha captado la ironía, le ha dado risa darse cuenta de la metida de pata y me ha querido apaciguar: “Mamá, es que vas tan mona y llegas tan arregladita que no parece que hagas esfuerzos. Es la impresión que das”…
Si cada vez que me he tenido que comer mi impresión sobre los demás hubiese engordado un gramito, se habría cumplido mi deseo de aparecer en un libro, aunque éste fuera el Guinness de los Record, Sección obesidad imposible. Ahora que, si me hubiesen dado un céntimo por cada ocasión en la que he provocado que los demás modifiquen su impresión sobre mí, además saldría en Forbes (porque seguiría siendo enorme, que una cosa no quita la otra).
Yo soy de primeras impresiones y presumo de tener un gran sexto sentido pero, a poco que lo piense, yo lo que tengo es mala memoria. Me equivoco tanto como acierto pero lo primero lo olvido con gran inteligencia, hasta el punto de creerme, cada vez que atino, que mi gran intuición solo se explica porque soy descendiente de los Tuatha Dé Danann (http://es.wikipedia.org/wiki/Tuatha_D%C3%A9_Danann), que son las hadas más cool del Universo mágico (caprichosas, caprichosas). Así que he tenido que aprender a disfrutar, no sólo cuando hago un juicio correcto (“¡¡¡Qué listísima que soy!!!. ¡¡¡Qué bien me funcionan los superpoderes!!!”) sino también cuando he de dar un giro de 180 grados en mi percepción (¡¡¡Qué capacidad de reacción!!!. ¡¡¡Madre mía, qué coherente y equilibrada he llegado a ser para cambiar de opinión sin que me dé un síncope!!!). Pero sobre todo, sobre todo, disfruto cuando tienen que modificar la idea que se habían hecho de mí. Siendo partidaria de la venganza elegante, aún me gusta más un “¡¡Zás en toda la boca!!” estiloso.
Reconozco que soy fácil de subestimar. Hay quien se molesta conmigo por el hecho de provocarlo cada vez que me declaro superficial pero existe un importante matiz a tener en cuenta: presumo de mi frivolidad pero también alego que he llegado a ella por elección consciente. Medité mis opciones y elegí, lo que significa que hay un proceso intelectual subterráneo que se debe valorar a la hora de clasificarme. Si me juzgan  simplemente por lo que digo y por lo que aparento, se definen (a ver quién es más superficial ahí).
Hoy me he encontrado con la Madre (en mayúsculas) de un compañero de mis nenes. De hecho, esta chica se me ha presentado en dos ocasiones: en una me dijo “Hola, soy la Mujer de Menganito” y, en la siguiente, me señaló: “Hola, soy la Madre de Fulanito, ¿no te acuerdas de mí?”. A punto estuve de contestarle que era imposible que me acordara de ella ya que, cada vez que la veía me daba un nombre distinto (si he de conocerla por el título, podría tener la deferencia de anunciarse con el mismo siempre…). Acto seguido ha añadido:”¡¡¡Cuánto tiempo sin verte!!!. Claro, como tú no eres muy madre y nunca vas al colegio a recogerlos… ¿Qué es de tu vida?”. “Pues mira, aquí, peleando por la custodia de mis hijos”. Me ha mirado con compasión y me ha preguntado con mucho interés: “Su padre, ¿no?. A lo mejor te lo tendrías que plantear…”. Naturalmente le he aclarado: “No, mujer, no. A su padre lo que quiera le concedo, que para eso es su padre… No… De hecho, peleamos juntos… ¡¡¡Nos ha demandado el conductor del autobús escolar, que los lleva y los trae a diario y es muy madre!!!”. A ver, alma de cántaro, si el que yo no participe de las rutinas escolares de mis retoños te da derecho a que me catalogues como mala madre, el que tengas la cobardía de dejarlo sutilmente caer en cualquier conversación me da derecho a mí a que te califique como corta de miras y maleducada.
Hay gente que te cae bien de inmediato y gente que no, lo curioso es que ambas tienen las mismas posibilidades de convertirse en alguien importante para ti al cabo del tiempo porque, os aviso, las personas evolucionan, tú evolucionas, y hemos de replantearnos nuestras conclusiones a diario. Y ahora,  a todos los guays que se bordarían a punto de cruz el lema de “La gente no cambia”, les diré que compren más hilo y más tela porque la frase  continúa con un “salvo que le pongan voluntad”. Y el que no me crea que piense en esa pareja que tuvimos, de la que nos creímos muy enamorados pero de la que ahora renegamos porque, en realidad, nunca fue nuestro tipo; en esa ropa estrambótica que nos poníamos y que nos encantaba y que ahora quemamos simbólicamente cada vez que escondemos una foto; en esas ideas que defendiste y que ahora intentas olvidar; y en que todos, absolutamente todos, contamos entre nuestras amistades más apreciadas con alguien al que previamente no soportábamos. En unos casos has cambiado tú, en otros ellos, en la mayoría, ambos. Una persona admirable me dijo que cuando dudara de una percepción y, especialmente, como ejercicio para poner a prueba mis certezas, debía pararme, cerrar mis oídos y abrir mis ojos, porque la gente es lo que hace y no lo que dice. Probadlo, con los demás y con vosotros mismos, le da a la vida un puntito de sorpresa muy interesante.
Ayer, al ir a desearle a Ariel las buenas noches, me puse a acosarle con carantoñas para chincharle (está en esa edad que llaman “del pavo” pero que sería más apropiado llamar “de la nitroglicerina” porque, a poco que lo toques, estalla). Después de varias frases del tipo “¡¡¡Ay, mamá, que pesada eres!!!”, distintas maniobras para esquivarme y un pequeño empujón que hizo que me cayera de la cama y aterrizara de forma muy poco elegante, le dije con tono sorprendido: “Ari, hijo, tengo la impresión de que te molesto…”. Él me miró y me contestó con una vocecita muy dulce: “Te equivocas, mami… Tú tenías la impresión, cuando has empezado, de que me ibas a molestar…. Ahora lo que tienes es la evidencia de que me has molestado… Mira la parte buena, tu sexto sentido funciona…”.

miércoles, 4 de junio de 2014

Quiero un premio.


Este post es un poco especial porque lo hice para unas amigas y fantásticas profesionales, divertidas y originales, así que me limito a poner el enlace... No me cansaré de darles las gracias (a ellas y a vosotros, que gastáis vuestro tiempo leyéndome).

P.D.: Como anécdota plus para mi blog, os contaré que la misma semana en que me llamaron de Onda Cero para que hiciera una pequeña colaboración, a una de mis mejores amigas la nombraron pregonera de una cofradía. Allá que nos ponemos manos a la obra las dos, escribiendo nuestros textos. A dos días del debut, la llamé y le dije: “Niña, que estoy bloqueada. ¿Nos tomamos unas cervecitas, a ver si me inspiro?”. Ella me contestó, muy decidida: “Vale. Perfecto. Yo también estoy bloqueada, así que, si te parece, quedamos en una hora, que quiero antes pasar por la Iglesia y rezar a la Virgen, a ver si me ilumina”… Claro, luego no puedo extrañarme de que los premios se los den a ella…


viernes, 23 de mayo de 2014

Al defecto...con afecto.


         Ayer fui a una parada de taxis y estaba vacía, así que me dirigí a la más cercana y, de camino, pensé que en esta ciudad nunca los paras por la calle: o llamas a radio-taxi o vas a buscarlo tú y me fastidiaba bastante. En eso, ¡oh, sorpresa!, que veo uno por el rabillo del ojo y lo llamó con grandes aspavientos y agradeciendo lo afortunada que soy ya que me basta desear algo para que el Destino lo ponga en mi camino. Se me acerca y me asomo a la ventanilla, para indicarle dónde tenía que llevarme.  Veo no a uno, sino a dos taxistas. Pienso: “Mira, que bien: Ya hacen como los camioneros y llevan refuerzo para turnarse...”. Con mi mejor sonrisa,  les pregunto: “¿Está libre?”. El que conduce me interroga: “¿Qué ha pasado?”. Yo le contesto, rumiando que era un poco cotilla: “Pues que se me ha roto el coche. Me dejé las luces encendida y ha muerto la batería”. Me señala,  desconcertado: “No la entiendo”. Y yo, más que mosqueada ya, le digo: “A ver, usted va todo el día en coche y lo tendrá muy calculado pero yo soy despistada y, a veces, me pasa. Es mi culpa, lo confieso. ¿Van a llevarme o no?.”. El acompañante me replica, muerto de risa: “Señorita, hasta donde yo sé, el asesinato de una batería no es delito. ¿Por qué nos la vamos a llevar?”. Me separo de la ventanilla, miro el coche, enfoco mis lentillas y caigo en la cuenta de que ¡¡¡he parado un coche de Policía!!!… He de decir que, al explicarles mi confusión, se ofrecieron (y lo hicieron) a llevarme a mi destino puesto que “es usted un peligro público y debemos tenerla controlada”… Mi despiste está alcanzando cotas preocupantes...

         Yo no soy graciosa, ni atrevida y mi sentido del ridículo es superlativo lo cual me impide hacer el payaso con estilo, así que debo canalizar mis defectos para no perderme en la gama de grises y pasar desapercibida. Y tengo mucho que canalizar: soy despistada, impuntual, presumida, tímida, impaciente… Muchos diréis que lo mejor es superar esas fallas y es muy loable el empeño, salvo si otro de tus defectos es la falta de constancia. Cada uno hace lo que puede con los instrumentos que tiene y nadie va a conseguir que me sienta culpable por disfrutar de mis imperfecciones. Vale, mi despiste hizo que la Poli me catalogara de “peligro público” pero a mí me resultó gratis el transporte... Sacarle partido a nuestros errores y minimizarlos nos va a hacer mucho más felices que pretender eliminarlos o, lo que es peor, ocultarlos y una forma infalible de conseguirlo es reírnos de ellos, sin pudor y haciendo ostentación. Eso les da una connotación que los hace perdonables. Cuando los reconoces con gracia, dejas sin argumentos al inquisidor.

         La falta de humor, la falta de modestia y el defender lo indefendible es lo que convierte el defecto en vicio, al impaciente en ansioso, al libertino en degenerado, al remolón en vago, al presumido en pedante. Hace poquito, Hugo se quejaba de una niña muy vanidosa con quien tenía que tratar. “Yo también lo soy”, le hice saber. “Ya, mamá, pero hay matices: tú pareces un Pavo Real: eres rara, tienes algunas plumas bonitas y, de vez en cuando, las sacas y quieres que todos las vean pero, en tu estado normal, sabes que eres una pava que presume de ser presumida. Ella tiene complejo de Abeja: se cree Reina y no es más que un bicho”.

         Así que os aconsejo que no os avergoncéis por equivocaros, no os agobiéis por tener rasgos de carácter irritantes: mejoradlos y convertidlos en anécdota pero no los eliminéis del todo porque ese toque de incorrección os hace más interesantes. Todo tiene su efecto positivo... Tras un alarde de mis cualidades menos honrosas, Ariel me dijo una vez: "Mamá, como ejemplo eres una birria... Ahora, como advertencia, no tienes precio"... Y yo feliz de ser útil en mi más que probada imperfección...




P.D.:El audio de la intervención en la radio... Venga, probad a decir "erres rarra" sin trabaros... ¡¡¡Yo lo he conseguido!!!... No es que sea un desastre vocalizando, no. En realidad es porque, como leo este mismo post, introduzco variantes para no aburriros...
http://www.ivoox.com/red-carpet-onda-cero-elche-26-5-2014-audios-mp3_rf_3156007_1.html

lunes, 5 de mayo de 2014

Extravagancias.


Yo soy rara. A veces rara como un diamante rojo, a veces rara como la elefantiasis. Mi cabeza va tres pasos por delante de mi conciencia y poseo pensamientos originales. Tengo motivo para todo lo que digo, en ocasiones más de uno. Os ilumino: cuando voy al dentista, no sólo lo hago por estética y salud, eso sería simple, os prometo que también me he sorprendido en algún momento especulando el aspecto que tendrá mi calavera cuando los arqueólogos del siglo XXXIX la encuentren y es para mí una razón más que válida para ir al odontólogo el no permitir que científicos futuros puedan concluir que era una dejada: quiero que sea bonita. Si estoy triste escucho rancheras, pero de las peleonas, nada de amor (https://www.youtube.com/watch?v=Udrqt45U8WI). Cuando mi madre me presta su coche, por el simple hecho de llevar casette, me hace sentir que voy en el vehículo de los Picapiedra y me imagino sacando los pies en lugar de poner gasolina. Si llevo los auriculares puestos con música por la calle, me convenzo de que el mundo tiene banda sonora y hasta me parece percibir que mi pelo ondea a cámara lenta, precioso. Cuando llego a casa de noche, con el maletín, el pan, las bolsas de comida en precario equilibrio, me imagino, sobre melodía del National Geographic, una voz en off que va diciendo “La leona vuelve a su cueva, donde esperan sus cachorros hambrientos…”. Lo juro. Y lo malo es que muchas veces esos pensamientos que me asaltan se convierten en palabras antes de tener noción de ello. A algunos compañeros de trabajo y jugadores los llevo fritos. Recuerdo que en Navidad, al salir del ascensor, encontré a tres de ellos, negros, sentados en un banco, al lado del árbol, resaltando entre las paredes blanquísimas, mientras esperaban a ser atendidos. Yo formé en mi mente un convencional “¡Buenos días!” pero, en algún momento eso se tradujo por: “Hombre, ¿qué estáis, para el casting de Baltasar?”. Obviamente, la neurona prudente añadió: “Yo he ganado el de la Burra”…

Perdono lo imperdonable y me ofenden nimiedades. No veo películas dramáticas y empiezo los libros por el final. Hago pactos con Dios todo el tiempo: "concédeme esto y mañana tomo un Red Bull menos". No me gusta el nombre de mi gato y le miento al veterinario.

V.: ¿Cómo se llama el gato?.

Yo: “Gato”.

V.: Es un gato. Pregunto su nombre.

Yo.: Precisamente ese es su nombre. ¿Cómo va a saber que es un gato si no le llamo Gato?. Sería cruel cambiarle su identidad.

V.: Pues tu hijo lo llama Deimon.

Yo: Mi hijo no se entera.

Ariel (que interviene sin permiso): ¡¡¡Mamá, que Hugo le puso Deimon!!!. ¡¡¡No mientas!!!.

Yo: ¡¡¡No miento, Hijo Pequeño: Hijo Mayor no puso ese nombre a Gato!!!.

Y que me discutan.

Me gusta ser complicada, me gusta que mis amigos los sean. Lo sencillo es cobarde y previsible. Cuando era pequeña nunca quise ser princesa, siempre, siempre, prefería ser el hada. La pobre princesita lo pasaba fatal, dependía de hermanastras, madrastras y príncipes rescatadores  y todos sabíamos cómo iba a terminar (feliz, vale, pero con un final sin enigma). El hada era independiente, glamourosa (de hecho, escogía el vestido que la niña iba a llevar al baile y, como comprenderéis, no iba a elegir uno mejor que el de ella) y su final de cuento es misterioso y desconocido. Os puedo adelantar que  muy posiblemente acabase en un aquelarre divertidísimo donde la Bruja Reina es alguien capaz de hacer un listado notarial de sus bolsos de diseño para legarlos a su antojo, hechizando al Notario para que no moviera un músculo que denotara extrañeza, donde la Bruja Novata es una fuerza de la Naturaleza, la Bruja Guerrera crea imágenes perfectas y la Bruja Más Rubia aún está agradeciendo la magia que ha sido necesaria para reunirlas.

Y hoy, un obvio, un tío sin imaginación, en un Seminario para que aprendamos a simplificar la toma de decisiones, me pide que me defina en cuatro palabras. Le he contestado: “Ni te lo imaginas”…

miércoles, 16 de abril de 2014

On the air. Primera Semana.


Cada Enero me imagino llegar a Junio con un tipazo de infarto y ya estamos en Semana Santa y el infarto puede que me dé a mí de la grasa acumulada. Todo el mundo feliz con la subida de las temperaturas y yo sufriendo porque me pasa con el verano como con los gofres: la idea es mucho mejor que la acción. El gofre huele delicioso, se presenta apetitoso, pero, al primer mordisco, ya me he cansado de él porque no es tan sabroso como promete. Con el verano me sucede tres cuartos de lo mismo: a poco calorcito que haga ya me veo yo con mis faldas largas y vaporosas de una fiesta fashion en la playa a otra, noches con olor a jazmín y un moreno precioso resaltando mis ojos claros … ¡¡¡Tururú!!!... Mi mente es tan rubia que, cuando me imagino a mí misma, me pongo cuerpo de modelo y serenidad de diva de los cincuenta y olvido que en las fiestas de la playa acabo pareciendo una merluza rebozada porque la humedad y la arena son unas anfitrionas muy dedicadas y no te abandonan ni un momentito y que ese moreno espectacular que anhelo se traduce en caótico hasta el punto de que mi hijos, cuando eran pequeños y el día estaba despejado, buscaban formas en las manchas de mi cara a falta de nubes. Y las encontraban…

Las presumidas con cuerpo Danone disfrutan como locas luciendo palmito pero las presumidas con cuerpo flan Danone nos convertimos en expertas ocultando defectos. A mí me han llegado a llamar de la CIA para que imparta un seminario de disimulo… Todo vale para mantener el estilo: desde inventarse una alergia para llevar rebeca y tapar mollitas, hasta fingir un esguince de tobillo para no tener que pasear por la playa y que algún alma cándida te traiga agua para ir refrescándote in situ. Total, calor ya estás pasando, ¿qué pierdes pasando un poquito más?... Bueno, vale, puede que el conocimiento tras el desmayo pero ¿y la oportunidad que te da eso de conocer a un médico monísimo que te prescriba aire acondicionado y te invite a cenar para confirmar que sigues sus recomendaciones?... Si las modelos famosas siempre son descubiertas cuando acompañaban a su amiga a un casting en el que ellas no tenían ningún interés, tú bien puedes conocer al amor de tu vida en la parte noble de urgencias (de sala de espera nada). Es el Karma. Glamour con glamour se paga.

Aunque parezca superficial, estar guapos es una labor social que cuenta como buena acción diaria: hay que llenar el mundo de Belleza, empezando por uno mismo. Y ya os aviso que el calor no es excusa para ir hortera. ¿Dónde demonios se ha establecido que se puede renunciar a un grado más de hermosura por la comodidad?. ¿Qué habría pasado si Cenicienta le dice al Hada Madrina que pasa de zapatos de cristal, que con sus chanclas va más cómoda?. Si Rapunzel se hubiera cortado el pelo porque le daba calor, aún estaría en la Torre, hecha una uva seca…

Hace poco me preguntó mi hijo porqué yo llevaba medias incluso en verano. Me quité una y me dejé la otra. Él me echó un vistazo y me dijo: “Ah, vale, mamá, mucho mejor la pierna pixelada”… Y los niños no mienten.

Aún nos quedan unos meses para mejorar nuestro cuerpo y no tener que andar encubriendo defectos, así que os quiero ver a todos haciendo deporte por la ribera del rio…. Yo seré la que os saluda desde la barandilla del Puente…

P.D. Al ser el segundo texto para la radio, alguna frase la he tomado prestadoade otro de mis post. http://www.ivoox.com/red-carpet-onda-cero-14-4-2014-audios-mp3_rf_3024825_1.html?autoplay=1

 

lunes, 7 de abril de 2014

On the air. Preludio.


Bajo el título "On the air", voy a pasaros el texto completo de mi intervención semanal en la radio (un poco más largo que el que sale en antena porque allí ha de ser con menos frases subordinadas, ¡¡¡con lo que a mí me gustan los paréntesis!!!). Iba a poner lo audios pero no consigo subirlos (la vena rubia), de eso os libráis porque mi voz es cursi  de impresión y voy acelerada, pero es el primero y prometo mejorar (si no me echan ya). Esto no evita que, antes de que acabe la semana, os castigue con un nuevo post, en formato de blog  porque tengo mucho que contar y es mi medio mimado... En éste, que me presento, repito algunas cosas, espero no aburrir mucho con la reiteración, pero era necesario: no vaya a pensar el oyente que no me conoce que soy coherente (venga, apreciad la poesía del pareado, estoy que me salgo)... Allá va:

 Cuando era físicamente adolescente (porque emocionalmente no tengo claro si sigo siéndolo), mi madre siempre se preocupaba y me insistía en que, al salir de casa,  llevara aspirinas, con la orden tajante de que, en cuanto estuviese diez minutos con alguien, le ofreciera… Decía que yo hablaba tanto que su mayor temor además del hecho de que me raptaran, era que le interpusieran una demanda por contaminación acústica. Quizá por eso estudié Derecho, mataba varios pájaros de un tiro: me podía defender sin coste alguno de cualquier reclamación y, al mismo tiempo, podía hacer sitio en mi bolso dejando de llevar las dichosas pastillitas. Una razón mucho más sincera que la paz mundial y ayudar a los demás… Nunca se lo he tenido en cuenta porque reconozco que es cierto: había demasiados factores externos que me indicaban lo mismo. Recuerdo que, al acabar el 3º de BUP, mi profesor de Historia nos escribió dedicatorias en la foto de fin de curso a cada alumno. A la mayoría de mis compañeros les puso frases del tipo: “Sigue así. Eres una gran persona”, “Te auguro un gran futuro”, “Tu inteligencia hará que alcances las metas que te propongas”. A mí no. A mí me puso un triste “Esperando que tu palabra llegue…”. No sólo era una birria de dedicatoria (a no ser que pensara que yo era un profeta) sino que dio pie para que algún graciosillo escribiera debajo: “¡¡¡¿Más?!!!... Si sus palabras llegan, el problema es que no se van… Nunca”. Quizás yo no hablara tanto, puede que ellos escucharan de más, el caso es que ahora, a mis cuarenta y tres años me dejan hacerlo públicamente y, además, para contar lo que mejor se me da: mi vida. Y para aquel que piense que no es congruente que considere que mi vida se me da bien teniendo en cuenta lo desastre que soy, le diré que todo el mundo da por sentado que lo que mejor se le daba a Picasso era pintar y algún que otro cuadro, sinceramente, es una verdadera calamidad…



Tengo dos hijos… Bueno, creo… Nunca los veo el tiempo suficiente como para contarlos y, cambian tanto de un día para otro, que igual tengo más y no me acuerdo. Comer, comen por veinte. Lo sé porque la chica del supermercado al que envío la lista para que me la traigan a casa y yo nos hemos hecho amigas de la asiduidad con la que nos comunicamos. Claro que era eso u odiarla. La primera vez que hice el pedido, me llamó para sustituir algunos productos que no tenían en ese momento. Me indicó que en dos días les llegaba la mercancía pero que había preferido hablar conmigo para que escogiera el cambio de género o el atraso en el reparto, por si no llegaba a tiempo para la fiesta. “¿Fiesta?... ¿Qué fiesta?”, le pregunté más que extrañada. La pobre me contestó: “Bueno, señora, es que con tantas patatas fritas, refrescos, comida rápida, pizzas y dulces, he pensado que era para un evento”… No cocino, no coso, soy rubia por elección, odio ir a lavar el coche, tengo que llamar a mi madre para saber dónde está el aspirador en mi casa, al colegio de mis retoños sólo voy, como ellos, cuando no tengo más remedio y por obligación, he que pensar en su edad para saber en qué curso están y ni así lo adivino, siempre se me adelanta quien me atiende el teléfono… Cuando me separé, tuve que plantearme mis prioridades y renunciar a responsabilidades en pro de otras más urgentes... ¿Os lo habéis creído?... Yo llevo años convenciéndome de ello aunque me imagino perfectamente a San Pedro negándome el paso al Cielo por dejación de deberes maternales a la menor excusa… Seguro que me dice: “Sí, claro, bonita, los potitos fríos, las camisas sin planchar porque van debajo del jersey, inventarte mucho trabajo para que la abuela los lleve a los cumples… Todo eso era fuerza mayor porque realizabas en su lugar actos vitales para la educación y bienestar de tu prole, ¿no?”… Pero yo tengo la respuesta adecuada. “Pedro, portero… Déjame pasar, anda… Que soy VIP (Vanidosa, Ilicitana y Pálida)”… Y si se pone borde, ya me quedo fuera, en la terraza del Paraíso, que con esto del tardeo tan de moda ahora, es donde está lo divertido…

Os he dado pinceladas para que sepáis qué esperar. Puede que acabéis prefiriendo que os diese aspirinas… Cuando les conté a mis niños el miedo que tenía mi madre a que me secuestraran y a que aburriera a los demás. Hugo, el mayor, me dijo: “Bueno, mamá, al menos ya no puede temer lo mismo: a tu edad, no vas a ser el objetivo de ninguna organización de trata de blancas”… Ariel, el pequeño, le contestó: “Bueno, no sé yo… A salvo del todo no está: igual tiene mercado como producto vintage”… Eso es a lo que me enfrento yo cada día…

A pesar de todo, mis hijos me apoyan en esto de contar mi versión del mundo cotidiano. El mayor me ha dicho: “Haz lo que quieras. Yo me voy a estudiar el año que viene al extranjero…”.


Audio del Programa: http://www.ivoox.com/red-carpet-onda-cero-7-4-14-audios-mp3_rf_3011756_1.html

jueves, 27 de marzo de 2014

La Venganza os hará libres.




Yo tenía buena intención. De verdad. Lo prometo. Quería hacer un post sobre los beneficios de ser agradecidos. Pero, de repente, mi neurona infame (tengo cinco: la infame, la buena, la alienada, la hedonista y la que sabe calcular exactamente el número de bolsas de plástico que he de pedir a la cajera del súper para que quepa la compra enterita) se ha manifestado en todo su esplendor y sólo puedo pensar en los beneficios de la venganza. Y lo malo es que, dándole vueltas al tema he descubierto que ambos enfoques pueden ser complementarios (vale, aquí se ha unido de refilón la alienada pero veréis cómo tiene sentido). En primer lugar y sin lugar a dudas, hay que corresponder a quien se porta bien contigo y ser agradecido. Admito poner límites  difusos, por ejemplo: si tu amiga ha aguantado pacientemente la larga explicación de tus penas sentimentales, (nunca olvides que aburre, que te repites y que te escucha por pura bondad de su corazón porque todos sabemos que las únicas respuestas que quieres oír son “¡¡¡Cuánta razón tienes!!!”, “Tú vales mucho más”, “Mejor ahora que luego”, y tu confidente te las dice, una tras otra aunque el motivo de la ruptura haya sido tu costumbre de pasar la aspiradora -a mí eso no me ocurriría jamás-, a las tres y siete minutos de la mañana, sobre patines, vestida de folclórica y cantando jotas y tu novio sea un santo varón), le debes agradecimiento pero si, más tarde quiere que le acompañes a un concierto de los Jonas Brothers, olvídate de corresponderle. Es cuestión de salud.


Y, como somos humanos (unos más que otros), también es cuestión de salud conseguir una bonita, retorcida, sutil y pacífica venganza contra quien te ha fastidiado… Cuando yo acababa de separarme, mis amigas se estaban casando (no es que ellas se casaran tarde o que yo me hubiera casado pronto, es más bien que el tiempo me cundía). Una de ellas, muy religiosa, no estaba nada de acuerdo con mi decisión. Nos reunió a toda la pandi y nos dio las invitaciones. Justo el día antes de la boda me llamó y me dijo: “Oye, Cris, como tú te acabas de separar igual te sientes incómoda yendo a una boda…”. Yo le contesté, pensando que estaba preocupada por mí: “Mujer, llevo cuatro meses separada y la tuya es la quinta boda. Sé que no lo desconoces porque hemos ido juntas a las otras cuatro. A mí me encanta veros felices.”. Tras un breve silencio en la línea telefónica, me indicó. “Ya, bueno, pero si no quieres venir a la mía… lo entiendo perfectamente.”. Naturalmente, le contesté entusiasmada: “Iré”… Pero parece que no entendía tan bien porque cuando llegamos al convite, mi nombre no estaba… Podría decir que mi venganza para un feo tan gratuito fue lo monísima que iba vestida (que lo iba), pero no quedé en paz del todo hasta que, al cabo de pocos años, vino a mi despacho para que le tramitara el divorcio. Y se lo cobré. Todo. Eso sí, en mi bondad, al darle la minuta, le indiqué: “Si no puedes pagarlo en una sola vez, podemos hacerlo a plazos. No te preocupes… lo entiendo perfectamente”.


Una venganza casual, no maquinada, una venganza que te regala la Providencia, proporcional a tu daño (incluso un poco menor, que tampoco hay necesidad) o una venganza provocada con un leve empujoncito al Destino, es perfectamente reivindicable. Y la reivindico. El “ojo por ojo” ha hecho mucho daño pero el “poner la otra mejilla” duele más, que te llevas dos bofetadas y no hay reparto equitativo. De hecho, creo que hay un nombre para eso… Masoquismo, creo que lo llaman… Y no es muy agradable, salvo que seas la colgada cuyo novio se llama Grey y a la que le ofende que le regalen joyas, vestidos y coches pero que ve como un acto de amor que la azoten, la anulen y le pidan obediencia ciega (sé que esto no me deja en buen lugar pero debo confesar que yo me veo siendo amiga de la sufridora esa y diciéndole: “¡¡¡¿Cómo?!!!... ¡¡¡¿Qué te ha regalado unos Louboutin y un Elie Saab?!!!--- ¡¡¡¿Pero cómo se atreve?!!!... Ese se piensa que puede hacer lo que le da la gana… Anda, dame y dame, que ya me lo quedo yo… ¡¡¡Qué aprenda!!!... Además, no te hace juego con el morado que te han producido las ligaduras de las muñecas”).


Comprended que hablo de la venganza etérea, elegante… De acuerdo, hay excepciones, como que alguien te dé un empujón: ahí puedes empujar tú sin sutilezas ni poses, y si lo puedes tirar de culo, mejor, para que tengas tiempo de huir porque, como lo dejes de pie, te responderá y entramos en un círculo vicioso… Nadie va a hacerme sentir culpable por alegrarme de las pequeñas caídas de mi enemigo, al igual que respeto que él celebre las mías. Necesitamos desestresarnos. Creo que es como ese agujerito que le haces a la comida precocinada para cocinarla en el microondas: has roto el envase, pero es chiquitín y apenas se ve y, gracias a ello, lo de dentro estará mejor (metáfora estupenda y moderna que viene a sustituir a la de la olla a presión, que queda fuera de mi zona de conocimiento, entre otras cosas por ni tengo, ni tendré ni sé si se siguen fabricando)… Vamos a relajarnos todos un poquito, a permitirnos ser malos de vez en cuando, a negarnos a poner la otra mejilla y perdonar cuando tenemos la pacífica opción de optar por esquivar el segundo guantazo y esperar a que le salgan granos en la suya (mejilla, me refiero, que hay mucho imaginativo por ahí que me estropea el hilo de la idea) tras la cena que hemos propuesto para hacer las paces, cargando su plato de picante, especias y lo que haga falta... Os doy una justificación moral: considerando que las Siete Virtudes cardinales las transmitieron señores que no sabían leer mucho y teniendo en cuenta que no me fio yo de que Dios tenga buena letra, ¿no es posible que donde leyeron "Templanza", pusiera realmente "Venganza"?...  


Mi hijo mayor me comentó una vez: “El abuelo decía que vengarse es de reyes pero perdonar es de dioses... Mamá, yo creo que soy un rey... pero un rey muuuuyyy satisfecho".

 
P.D. Amenazo con hablar en otro post de agradecimientos, agradecidos  y desagradecidos.

jueves, 20 de marzo de 2014

Los "Por-menores" de mi vida. 1ª Parte.


Tal y como amenacé, cada jueves haré una recopilación de algunas anécdotas ya publicadas en mi página personal de Facebook. Para darles sentido, os indico que éstas concretamente son de hace dos años, por lo que Hugo tenía 14 y Ariel 11/12 (no es que el pequeño sea ambivalente temporalmente hablando, es que los cumple a finales de año y la mayoría son de principios del 2012).

Las he catalogado bajo la etiqueta “Segunda Edición” para distinguirlas de mis post de opinión. Empezamos...


Vacilando a una madre

Una noche, para evitarme viajes, lleno una bandeja enorme con la cena de mis hijos. Entro precariamente en el salón y deposito mi carga, con todo cariño, en la mesa. Exclamo, encantada (y sorprendida) conmigo misma: "¡¡¡No se me ha caído nada!!!"... Mi encantador Ariel, con aires de suficiencia, me indica solícito: "¡¡¡Felicidades, mamá!!!... ¡¡¡Esto es lo más cerca que ha estado jamás tu comida de llamarse "dieta equilibrada"!!!..."... ¿Lo mato?... La mayoría manda, ¿eh?...

Entra Ariel en el salón donde yo estaba y me quedo mirándolo porque llevaba una combinación de ropa estrambótica... "¡¡¡Pues a mí me gusta!!!", me dice, sin que hubiese mediado palabra por mi parte. "¿Qué pasa, Ari?. ¿Ahora lees la mente?", le pregunto sorprendida. Y, con gran seriedad, me contesta: "No es mi poder. Es el tuyo. Estas pensando con los ojos"…

No había forma de que Ariel comenzara el día, así que le digo: "Ari, te quiero mucho y me haces muy feliz pero te querría más y sería mucho más feliz si te levantaras"... Sin abrir los ojos me contesta: "Vamos a hacer una cosa: yo me doy por satisfecho con el cariño que estoy recibiendo hasta el momento y tú te conformas con el grado de felicidad que has alcanzado... y, así, sigo durmiendo"...

Hablando por teléfono con Hugo, me pide permiso para hacer una cosa con la que no estoy de acuerdo. Trata insistentemente de convencerme con argumentos bastante trabajados pero que adolecen de cierto aire a ficción. Le digo, para hacerle ver que no me creo una palabra: "Hugo, cariño, déjalo ya. No soy tonta..."... Me contesta con resignación: "Lo sé. Mi vida sería mucho más fácil si lo fueras"....

Está jugando Ariel al "Quién es quién" en el móvil y me dice: "Mamá, yo creo que, en el Modo Experto de este juego, son todo chinos"... Hugo interviene y comenta: "Me caen bien los chinos. Cuando estuve en Barcelona, vimos una manada de chinos...". Aquí interrumpo yo, en plan progenitor responsable, y les informo: "¡¡¡Los chinos no van en manadas!!!"... Se me quedan mirando, seriamente, los dos, cavilando el significado de mis sabias palabras y, sonriendo con aire de superioridad, Ariel sentencia: "¡¡¡Pues claro que no van en manada!!!... La palabra adecuada para llamar a un grupo de chinos es 'lebaño'..."... ¿¿Me vacilan o no me vacilan??...

Conversaciones de hermanos

Ariel intenta dormir. Hugo tiene ganas de charla y no le deja. Harto ya, le dice Ariel: "Hugo, como no te calles, te voy a hacer vudú..."... Hugo se ríe de su hermano y le contesta: "¡¡¡Que susto me da!!!... ¡¡¡Eso no funciona!!!"... A lo que Ari responde, muy sereno: "Ya, pero yo te voy a pinchar a ti y a ver si lo nota el muñeco..."... Y yo incapaz de poner orden de la risa tonta que me entró...

Hugo se va a la calle y pregunta si nos sube algo. Ariel contesta en voz alta desde su habitación: "¡¡¡Sí, tráeme algo de crack!!!"... Hugo replica tranquilamente: "¿Pero tú no habías dejado de fumar?"... Ariel responde: "No, de fumar, no. He dejado de traficar..."... Hugo se va hacia la puerta, mascullando: "¡¡¡Una lástima!!!... Me habría ahorrado el esfuerzo"... Creo que mis vecinos están a punto de llamar a Servicios Sociales... Prometo que yo los intento educar, pero no se dejan...

Una reflexión.

Recojo a Ariel de un cumpleaños en un campo cercano a Guardamar. Por el camino, va viendo los locales de alterne hasta que me pregunta: "Mamá, ¿eso son casas de putas?". (Nota para los sensibles: no soy partidaria del uso habitual de las palabrotas  pero tampoco puedo poner el grito en el Cielo por llamar por su nombre a las cosas). Así que le contesto: "Pues sí, cariño."... Se queda callado un momento y me dice: "¿Y la Poli no se da cuenta?... ¡¡¡Pero si me he dado cuenta yo y no sé mucho del tema!!!"... Le explico que no cometen delito quienes ejercen la prostitución, sino que los delitos en ese mundo vienen por cuestiones relacionadas, como el proxenetismo... Me sigue bombardeando a preguntas: "¿Es verdad que hay chicas que se pagan la Universidad cobrando por acostarse con desconocidos, vamos, siendo putas?"... Le respondo que sí, que alguna habrá... Se queda en silencio un minuto y, de repente, exclama: "¡¡¡Eso son ganas de estudiar, ¿eh?!!!"...


Puede que creáis que intento divertiros pero, en realidad, busco comprensión para cuando me detengan por ponerlos a la venta… 

P.D. Tomadlo como lo es (una caricatura de la vida) y espero que nadie se sienta ofendido (ni los chinos, ni las mujeres de vida alegre, ni los traficantes…).

martes, 18 de marzo de 2014

¿Dónde hay que firmar?.


Iba caminando por la Plaza del Ayuntamiento, cuando se me ha acercado apresuradamente un señor y ha dicho: “Oye, que sepas que leo tu Blog”. Yo lo he mirado con sospecha y he repasado, en un instante, si era finales de Diciembre, si había cámaras, si existía sitio dónde esconder cámaras, si era familia mía… Ante mi silencio, ha insistido: “¡¡¡Que sí, que sí, que soy muy fan tuyo!!!”… Más feliz que unas castañuelas, le he pedido entusiasmada: “¡¡¡Ay, qué alegría!!!. ¡¡¿Me firma un autógrafo, por favor, por favor?!!”. Expresando una lógica que no entiendo, me ha respondido: “¿No sería más normal que te lo pidiera yo a ti?”. Naturalmente, se lo he explicado: “A ver, señor, si usted le comenta a un amigo que se ha encontrado a una chica de su ciudad que escribe un blog chiquitín, él va a creerle. Ahora, cuando yo le cuente a mi hermana que me ha parado usted por la calle, sin que nos conozcamos, para decirme que le gusta lo que escribo, lo cual implica que le gusta lo bastante como para arriesgarse a detenerme y dirigirse a mí sin saber cómo puedo yo reaccionar y, sobre todo, cuando presuma de que me ha reconocido, ¡¡¡tengo que presentarle pruebas!!!”… Y me lo ha firmado… Y me he ido pensando en llevar siempre encima una libreta de autógrafos y pedirle uno a cada persona que me haga feliz para que, en los malos tiempos, tenga un recordatorio físico de cuánto bien he recibido…

Siempre he creído que cuando alguien se deprime, más que pastillas que atonten, deberían recetarle medicamentos para la memoria porque no existe mejor salida de la tristeza que recordar cuánta gente hay dispuesta a echarte una mano… Venga, no me digáis que no os gusta leer las dedicatorias que nos escribían los amigos en las fotos de fin de curso, o en los cumpleaños, o en el álbum de la comunión (y eso que ahí te ponen cosas del tipo: “Eres aún mejor. Hoy has conocido a Dios”. Esa la he sacado del de mi hijo Ariel. Él ha puesto bajo: “Más que conocerlo, hoy me lo he comido”)… ¡¡¡Si hasta me organicé una fiesta especial por mi 40 aniversario con el maquiavélico fin de obligar a mis amigos a firmar en un libro de visitas y que se vieran compelidos a manifestar por escrito lo joven que parezco y lo poco que se me notan los años!!!. Antes de ir a dormir, ni series, ni libros, ni conectarse a internet,  lo que hay que hacer es leer las dedicatorias que alguna vez te hizo la gente que te quiere y la que te ha querido y dormir orgullosos de poder inspirar esos sentimientos… Pero sé sensato, no las hagas verdades universales: lo que ha de animarte, lo que tiene que hacerte feliz es el simple hecho de que alguien pierda su tiempo, su energía y su pluma, en dejarte unas palabras amables sólo porque eres tú, eso es lo bonito, no te lo creas a pies juntillas porque acabarías convirtiéndote en un pedante y pocas cosas hay más desagradables que encontrarte con uno de esos. Yo los llevo fatal (y eso que defiendo la Soberbia en varias de sus manifestaciones) porque me producen vergüenza ajena, que es la peor de las vergüenzas puesto que no la ha provocado falta alguna tuya y no puedes zanjarla sin herir. Mi abuela, que era una persona muy divertida, decía que la modestia es una clase de mentira, así que siempre recordaba que en su juventud, paseando por Murcia, un fotógrafo muy conocido salió corriendo detrás de ella para hacerle fotos y acto seguido, te las mostraba. Esas fotos nunca estuvieron guardadas. Decía que ella no valoraba si de verdad merecía que alguien corriese tras ella por su belleza, ella atesoraba el que alguien lo hubiera hecho. Y era feliz. Porque tenía memoria, porque rescataba gestos y porque era agradecida.

¡¡¡Si es que somos unos pavos, de verdad!!!. Cada vez que tenemos un revés, nos autocompadecemos y nos sentimos solos y eso es una ofensa para nuestros amigos. Nadie está solo. Nadie. Y ahí seguimos, eligiendo recrearnos en nuestras miserias en lugar de abrir la caja de recuerdos y empaparnos de todo ese ánimo que tenemos guardado dentro, en forma de carta, fotos firmadas, notas recibidas… Y lo que es mucho peor, no dedicamos ni un minuto del día a crear nuevos recuerdos que podamos redescubrir, sentados en el suelo, tocándolos físicamente… Yo he empezado esta mañana, voy a ser la loca del bloc de firmas… ¡¡¡Ea, ya tengo otra cosa más que meter en el bolso!!!… Menos mal que tengo visión de futuro y he establecido que mi pareja tiene que hacer deporte, no por salud ni por físico, sino para que esté en condiciones de llevarme el bolso cuando sea una anciana (no pienso renunciar a nada de lo que inventen, mientras me quepa: monísima con mi ipad 2345 hasta el final)…

         He de decir que, al enseñarle a mi hijo mi trofeo de esta mañana, me ha preguntado: “¿Quién es ese hombre?”.  Yo le he respondido que alguien al que le gustaba mi blog. Me ha mirado. Ha torcido la cabeza. Ha achinado los ojos y me ha indicado: “Trabajas en un Club de Fútbol donde hay y pasan jugadores de Primera División. Has conocido gente que sale en la tele. Te llaman personas que aparecen en la Wikipedia… Y vas y le pides un autógrafo a alguien porque le gusta lo que tú haces… De verdad, mamá, acabaré siendo un tipo sensato pero porque con tus ejemplos siempre me llevas por la cuerda floja y me estoy convirtiendo en un experto guardando el equilibrio".

P.D.: Os recuerdo que la página de Facebook se llama Red Carpet by Cristina Birlanga… Y, a quien me lo pida, voy a darle un empujoncito en su misión regalándole una libreta (me dais direcciones por privado y os las envío). Prometido. Eso sí, el novio cachas para llevar el bolso, ya me lo quedo yo...

miércoles, 12 de marzo de 2014

La delgada línea rosa.


La línea entre lo sublime y lo cursi es tan delgada que un suspiro la quiebra… ¡¡¡Toma ya!!!. Esa frase tan pretenciosa y fatua es mía. No digáis que no se explica a sí misma… Vale, vale, tengo otro principio: estando en la Universidad, me dijo uno de mis mejores amigos (Víctor, ¿te acuerdas?): “Si alguna vez tengo hijos, antes les pongo una peli porno que una de Disney. Las dos crean falsas expectativas pero, al menos, en la primera no cantan”. Aunque no lo parezca, esta es mi publicación para los chicos (bueno, la palabra “porno”, igual os ha dado una pista). Puede que ahora no lo apreciéis en su justa medida pero os voy a liberar de mucha presión.

¿Qué enamorado no ha escuchado de su pareja eso de “Necesito más romanticismo”?… Y tú, que sabes por experiencias anteriores que las flores y los bombones no son suficientes, que lo que te están pidiendo es un acto único y personal, tratas de buscar inspiración y se desata el drama… Desengañaos: ese acto único y personal es de imposible cumplimiento. En primer lugar, no es un “acto” general, es un “acto” concreto: tiene claro lo que quiere y te aseguro que no lo vas a adivinar. De verdad, confórmate con ofrecerle una cena romántica (que es un eufemismo para decir una cena cara, no te equivoques), regalarle un bolso estupendo, un vestido que os guste a los dos con la promesa de estrenarlo como preludio a una noche de halagos… No innoves, por Dios, porque ahí corres el peor de los riesgos en una relación: ser cursi.

Os voy a dar unas pautas que os apartarán del abismo de la pedantería (y van dos frases afectadas para explicar que no hagáis actos afectados… Arte que tiene una):

La Regla del 3 x 3 x 3. Si no eres capaz de recitar tres estrofas de tres poemas diferentes de tres autores distintos, no escribas poesía. La poesía es la nitroglicerina del amor: cualquier movimiento en falso crea un desastre. Si no has leído y apreciado a verdaderos autores, lo que será un poema es escuchar tu creación (y que conste que utilizo la palabra “creación” en el mismo sentido en que se la aplicaría al monstruito del Sr. Frankenstein). Encima no vas a ser original, apuesto a que las palabras “cielo”, “azul”, “amor” y “corazón”, aparecen fijo.  Recitarle a tu amada: “El cielo azul es testigo/ que el corazón me has robado/ ”devuélvemelo”, te digo/ o me voy para el Juzgado” te puede parecer una gran idea, y lo es, pero una gran idea no tiene porqué ser una buena idea, así que te recomiendo que la mantengas en el mundo de la imaginación porque, como se te ocurra llevarla a cabo, ten por innegable que irás al Juzgado, pero a denunciarla por el morado que te habrá provocado en el ojo. Y ya te digo yo que la absuelven: eximente completa de locura pasajera causada por sentimiento superlativo de vergüenza ajena. Existe.

Con las canciones es mucho peor. No cantéis. Escoger una  canción que inspire sentimientos románticos en tu pareja sin que resulte melosa es muy difícil (haced caso a mi amigo: hasta Disney se equivoca y peca de cursi). Y conlleva una incomodidad añadida: yo, como chica a la que le han ofrecido conciertos, no sé qué cara poner mientras me cantan. Lo paso fatal. He llegado a ensayar ante el espejo… Dejad las baladas a los profesionales, os lo ruego.

La Regla Proporcional de Público. El almíbar que destilan tus palabras y tus actos aumentará en proporción directa al número de personas que ven la escena. La vida no es una peli y, si quieres emular a Richard Gere, asomando por el techo de una limusina blanca, con un enorme ramo de rosas y gritando bajo el balcón de tu víctima (¡¡¡Ups, quería decir “enamorada”!!!) que la amas, no habrá banda sonora in crescendo que anule el volumen de las carcajadas de tus vecinos… Eso deja una huella imborrable en el barrio, y no como las del Paseo de la Fama, precisamente…

La Regla del Corazón Sobrevalorado. No todo lo que tiene forma de corazón es bonito. De hecho, el corazón en sí no es bonito. Es un órgano interno bastante asqueroso (útil pero desagradable). En realidad, he de decir que, para los antiguos (pero los antiguos de verdad, los de los primeros siglos, no los nacidos hasta 1980) la parte más importante del cuerpo humano era el estómago y creo que por eso nos agasaja más que nos regalen un festín en un buen restaurante que unas valerianas antitaquicardias. Te recomiendo que busques obsequios con formas menos sospechosas de ser colaboradoras necesarias en delitos de cursilería (¡¡¡Y van tres frases!!!). Y, por favor, si el corazón está partido y la intención es quedarse cada uno un trozo, a no ser que seas Alejandro Sanz y lo entregues como guiño al cincuenta aniversario de tu mayor éxito (y lo perdonamos sólo porque para entonces podemos achacarlo a la senilidad), llama en cuanto te des cuenta de lo que has hecho, finge que era broma y llévala a un tres estrellas Michelín, a ver si cuela.

Captad el mensaje: no os agobiéis cuando os pidan romanticismo. No vais a acertar. Sólo podéis aspirar a salir del paso con el orgullo y la reputación intactos. Al final, lo único que queremos es que hagáis un esfuerzo, no el ridículo.

Una vez, hace mucho tiempo, coincidí con una amiga. Ambas acabábamos de romper nuestra relación (no la suya y la mía, sino la de cada una con su novio). Ella me indicó: “Cris, estaba abocado al fracaso. Me ha sido infiel. ¿Qué os ha pasado a vosotros”. Yo le contesté con evidente emoción: “No lo vi venir… Parecía tan normal, tan elegante… Le pedí un poco más de romanticismo en nuestra relación, que fuera más detallista y…. me regaló una figura de Lladró…. ¡¡¡La pastorcilla!!!”. Con estupor, temblorosa, me preguntó: “¡¡¿Era un…cursi?!!”… Yo no podía hablar, el recuerdo me dolía. Me limité a asentir. Mi amiga, horrorizada, no pudo más que consolarme: “¡¡¡Y yo quejándome por una simple infidelidad!!!”…






Página de Facebook: Red Carpet by Cristina Birlanga

lunes, 10 de marzo de 2014

Cuarentena a la edad.


Mi hermana pequeña cumple mañana 40 años. ¡¡¡Madre mía, que mayor que soy!!!. Sí. Yo. Porque la edad la noto por referencias. Aunque me veo cada día (y me veo mucho, que no hay espejo que no me refleje, por muy bruja que crean algunos que soy), tengo un don para ignorar lo evidente, así que, salvo sesión de masoquismo estético, no me paro a pensar en mis signos de vejez, los cuales me pasan desapercibidos, por lo que es el mundo quien se arroga la misión de hacerme enfrentar los estragos de la edad y, el muy canalla, lo hace disfrutando y de formas muy enrevesadas…. A mí, esas formas, me han pillado desprevenida y me han dejado estupefacta y es mi labor prevenir a Begoña.

Que cuando cumples 40 años el cuerpo suma toda la gravedad que en tu primera juventud habías ahorrado dando saltos, brincos, botes y respingos porque sí, por diversión, es de todos sabido pero, no te confíes en que el tema se queda ahí (ni el tema ni tus carnes se queda ahí): eso es sólo la antesala a un infierno desconocido.

Por lo pronto, empiezas a vestirte por los pies y eso no significa que haya entrado el sentido común, por fin, en tu cabecita de cuarentona, no, es literal: piensas primero qué zapatos podrás aguantar todo el día y, a partir de ahí, eliges el resto para que acompañe. Siempre te has teñido el pelo regularmente porque la raíz te nacía más oscura, pero ahora lo haces porque te nace blanca (y la Naturaleza no ha tenido la deferencia de premiarte algún año con un término medio). Las vitaminas ya no te las tomas para soportar el fin de semana de fiesta sin dormir apenas (bendito y añorado Katovit), ahora las necesitas para resistir la semana completa (y sin fiestas). Y, no sé a vosotras pero, a esta edad, cuando veo una típica peli americana de chico-conoce-chica, a mí el que me gusta es el padre del prota… Calculas la edad que tenías tú cuando tu madre tenía la tuya actual, recuerdas lo que pensabas de ella y te dedicas al estudio pormenorizado de técnicas de rejuvenecimiento mientras te sorprendes preguntándote cómo pudo abandonar Sonia Ferrer, por Escassi (¿es que no le daba una pista el apellido?), a todo un italiano ¡¡¡¡cirujano plástico, por Dios!!!!. ¿Tú sabes la seguridad que te da eso en casa?. La tranquilidad para tu alma superficial….

Y las conversaciones con tus hijos (sirven sobrinos y demás menores) son campo minado de stress y tensiones. Hace poco le dije a Ariel, cuando se preparaba para ir al colegio, que no se olvidara la cartera (¡¡¡Y los donuts!!!, estáis pensando los de mi quinta). Me miró desconcertado y me preguntó “¿La cartera?”. A lo que Hugo, le contestó: “Ari, así es como los antiguos llamaban a la mochila”… Ese mismo villano, me consejó inocentemente, mientras veíamos la tele, durante los anuncios: “Mamá, cómprate esa crema. Te pareces al `antes´…”.  Y eso sin contar las veces que, siendo muy pequeños, me han dicho cosas como. “Mamá, ¿tú cuántos años tienes?. ¿Ochenta?.”. “¿En tu época había luz eléctrica?”. “¿Viste algún mamut de pequeña?”. Pero, en aquel entonces, no tenías cuarenta años. Ahora duele.

He dejado un punto que me atormenta para el final. La prueba definitiva de que eres mayor. Haced cábalas. No es que un mañaco (para los de fuera de la Comunidad Valenciana, mañaco=niño pequeño un pelín malcriado. Puede ser o no maniaco, pero con las mismas probabilidades que ser o no aficionado a tocar la balalaika) te ataque en plena calle con un arma letal: “¿Lleva hora, SEÑORA?”, que tú te debates entre retarle a duelo por faltarte a tu honor o rogarle que confiese que es adicto a la poesía y ha querido hacer un verso corto con rima consonante. Tampoco que un jovenzuelo de treinta años te ceda el sitio en el autobús (mira que hay muchachos maleducados). No. La prueba concluyente es cuando pasas de ser mona/guapa/bellezón (que de todo hay y estoy hablando en general) a “tener clase”. ¿¿¿Clase????. A ver, olvídate: esa mirada felina, miopía; ese andar sereno, dolores articulares en el pie; esa forma de responder pausadamente: sordera, tienes que procesar lo que crees que ha dicho el otro… Que sí, que sí, que hay gente de nuestra edad con mucha elegancia (todos mis amigos y los que me leen, por supuesto) pero si toda la vida te han dedicado piropos más bien físicos y ahora enaltecen tu porte, sin desmerecer el halago, estás mayor. Pero no pasa nada, todo tiene su público y, ya hayas llegado a ese punto de garbo por tus dotes naturales o por disimular síntomas de malestar general, jugar a ser distinguida y gentil es muy, muy divertido y desconcierta más que la pura belleza.  Oscar Wilde decía que ”la belleza que sorprende rara vez coincide con la que enamora” y yo creo que ésta última es el resultado de añadirle un poco del estilo que da la edad. Es un encanto mucho menos comprensible y, por ello, más fascinante.

Así que, Bego, ¡¡¡mil felicidades!!!!. Disfruta la suerte de estar en la élite de la edad adulta, descontrola de vez en cuando con la seguridad de que sabes lo que quieres (necesito que sigas siendo la hermana sensata), eres guapa, ahora tienes más clase, no lleves reloj, no subas en bus…

P.D. Esto es lo más cerca que vas a estar nunca de que te diga que te quiero.

lunes, 3 de marzo de 2014

En el Nombre de IOS...


            El hecho de que Alá, Dios y Yahvé (lo he puesto por orden alfabético, para que no se ofenda nadie), siendo como son (o como es, que igual es el Mismo reinterpretado) todopoderosos, no pudiesen poner orden ellos solitos y se hubieran visto en la necesidad de dictar sus Libros de Instrucciones (El Corán, La Biblia y La Torá) a través de sus Elegidos, me ha inspirado para hacer un borrador sobre Normas de Conducta de la nueva religión: el WhatsAppismo. Y es que, Hijos Míos, hay que poner límites y, aunque a mí el papel que me gustaría es el de princesa egipcia que se liga al primogénito cachas, he de hacer un esfuerzo e investirme de avanzadilla del Verdadero Profeta (es que no tengo alma de mártir para más) y dar unos pequeños Mandamientos de obligado cumplimiento:

PRIMER MANDAMIENTO.- Envía un Whatsapp sin esperar nada a cambio. A ver, almas cándidas, tened presente que el doble click no formaliza contrato ni obligación alguna. Tú has enviado el mensaje, yo lo he recibido y sé que tú has visto que yo lo he recibido. Punto. Ahí acaba la cosa. Te contestaré cuando pueda, cuando estime oportuno y/o cuando decida la respuesta. Que lo haya abierto no implica que esté en condiciones de dar la réplica. Mi generosidad empieza cuando permito que estemos conectados universal y gratuitamente, a cualquier hora del día y cualquier día de la semana (y ya es mucha generosidad). Queda absolutamente prohibido mensajes del tipo: “He visto que estás en línea. Dime algo”. Yo estaré en línea, pero tú te has pasado de la raya. Si pretendes que conteste cuando a ti te venga bien y me lo reclamas con más mensajes, es una invasión en toda regla y yo defenderé mis fronteras como buenamente pueda, así que no te sorprendas si, cuando nos veamos cara a cara, te catapulto brea caliente… Te lo mereces.

Si es urgente, llama. Si no te contesto, expón el motivo de la urgencia. Es sencillo, es educado.

Este Mandamiento tiene una especialidad: Los emoticonos no requieren respuesta alguna. Es una birria de esfuerzo. Por mucho corazón, cara feliz, besos y estrellas que conlleve, puedes dar por acabada una conversación si no se acompaña de palabras. Es el equivalente al Pecado Capital de la Pereza.

SEGUNDO MANDAMIENTO.- Si lo que quieres comunicar no se arregla con tres mensajes cortos, llama. Por Dios, a cierta edad, escribir en el móvil cuesta. Te lloran los ojos, te duelen los dedos y se te cansa el brazo de acercar y alejar la pantalla para poder enfocar. Tres mensajes son el límite, a partir de ahí, es vicio.

TERCER MANDAMIENTO.- Las cadenas de mensajes avisando de peligros apocalípticos, son pecado. Desengáñate: por encima de valorar tu buena intención al avisarme de que Whatsapp se va a convertir en religión de pago, voy a pensar que eres un iluso embaucado por creer que Mr. Zuckerberg ha escrito un mensaje personalmente dándote opciones para evitarlo (la versión “lo han dicho en la tele”, lleva la agravante de encefalograma plano) y vas a conseguir que te pierda un poquito del respeto debido a tu inteligencia. Es importante que tengas en cuenta que el “No, si yo tampoco lo creo, pero por si acaso…”, no sirve como penitencia por el tiempo que hemos perdido los dos…

CUARTO MANDAMIENTO.- Las consultas profesionales a través de Whatsapp se consideran acto impuro. Hace poco me preguntó, por esta vía, un cliente (al que le había llevado su divorcio): “Cristina, tengo un problema con una herencia. Mi madre ha fallecido y somos tres hermanos y mi padre. Los bienes son: (me los enumera). ¿Me sacas un momentito lo que nos corresponde a cada uno y me lo dices para ir al notario?. Es que voy un poco despistado y no sé qué hacer “. Obviamente, le contesté: “¡¡¡Sí que vas despistado que has confundido el whatsapp con mi despacho!!!. Menos mal que yo sí sé lo que tienes que hacer: llama a mi oficina y pide una cita”. Eso sí, le puse un emoticono de carita feliz…

Preguntar a cualquier profesional por mensaje para evitarte la visita y el consiguiente abono de honorarios es un atraco y un abuso cuyo castigo es el Infierno de los Bloqueados.

QUINTO MANDAMIENTO.- No te ofenderás si la despedida no ha sido suficiente para ti. No alarguemos, te lo ruego. Si digo “Hasta luego”, es un  final. No me sigas conversando. No es necesario añadir la foto de un niño diciendo adiós, el muñequito de los besos, la manita saludando… Con uno lo capto, por favor, cáptalo también tú. Conozco gente que se ha visto inmersa en un bucle de despedidas y se ha consumido en su propio Universo paralelo… Pongamos una norma: con un “Bueno, hasta luego. Ten un buen día”, será suficiente. Como repuesta: “Igualmente. Un abrazo”, bastará. Si tras eso se pone un emoticono, se volverá al Primer Mandamiento, en su especialidad mencionada.

SEXTO MANDAMIENTO.- Ante la duda, interpreta en positivo. Importantísimo para mantener amistades y parejas. Aunque resulte obvio, la gente olvida que las palabras escritas no tienen tono, que la ironía puede perderse o aparecer donde no debe. Cuando recibas un mensaje piensa, sobre todas las cosas y salvo evidencias, que quien te escribe es amigo y, ante la sospecha de un amago de mala fe, llama. Si eres quien escribe, facilita la labor y esto incluye releer antes de enviar porque el corrector es el Maligno y pervierte tus envíos. Yo he creído que escribía a un cliente: “Paco, a las cinco en la Glorieta” y él recibió: “Pavo, te hinco las tetas”.

SÉPTIMO MANDAMIENTO.- Respétate a ti mismo por encima de todos los Whatsapp. Y como soy una psudoprofeta muy maja te voy a traducir este Mandamiento para que no exista margen de error: cuando estés con los amigos tomando cervecitas, cuando estés disfrutando de un día de playa, en el cine, en el teatro, de viaje, en un concierto, dándote un masaje (o dando un masaje), charlando, cenando, comiendo, conduciendo, alimentando a los patos… ¡¡¡pasa del whatsapp!!!, porque sí, porque te mereces disfrutar de las cosas al cien por cien… Olvídate de él completamente, no contestes, no remitas, no compruebes quien está conectado. Y si luego te dicen indignados: “¿Por qué has tardado tanto en contestar?. ¿Qué hacías?”, podrás responder: “Vivía”…

            Mi hijo Ariel es la persona que menos se complica la existencia de las que conozco, a pesar de la paradoja de ser muy complejo. Él borra todos los mensajes conforme termina las conversaciones, incluido los archivos. Una vez le pregunté el por qué hacía eso, y le dije que me sorprendía que no le diese pena eliminarlo todo. Me contesto: “¿Pena?. ¿De perder conversaciones tan poco importantes como para no merecer una llamada o un encuentro?. No sé tú, pero yo prefiero acordarme de ti y lo que me dices que de tu avatar y lo que me mensajeas… Y tiene mérito porque en tu foto de Whatsapp estás mucho más guapa de lo que eres”…

P.D. Una vez oí un Padre Nuestro cursilísimo que me hizo reír (aclaro que tendría yo unos quince años). Se me quedó grabado que denomiran al Espíritu Santo "Palomita buena onda"... Pues bien,  la némesis de ese ente de bondad no es otro que el doble click azul: "Doble palomita mala onda"... Ya os digo yo que quien lo ideó estaba bajo el influjo del Maligno...  https://www.youtube.com/watch?v=u11J5ZkJjBQ





Audio de la emisión en Onda Cero (Elche en la Onda): http://www.ivoox.com/red-carpet-onda-cero-19-5-2014-audios-mp3_rf_3135227_1.HTML

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