Tal
y como prometí, voy a contaros los tres derrumbes más dolorosos para mi ego. No
os acostumbréis a que cumpla todas mis promesas porque ya he avisado de que soy
dispersa y a veces gana mi honor y otras
mi pereza. Lo que sí puedo adelantar es que, el siguiente post, será una
opinión, que ya toca (el tema es sorpresa).
En cuanto a mis tres caídas (mira qué bíblico me ha quedado esto, aunque
yo no alcancé la Gloria ),
os ruego que no sintáis pena por mí: gracias a ellas conocí gente muy
interesante (enfermeras, cirujanos, farmacéuticos, sobre todo) y, lo que es
mejor, la gente me conoció a mí… Ahí van:
1º.- Llegaba tardísimo a un juicio y
me estaban esperando pacientemente (y cuando digo pacientemente lo digo de
verdad, porque fue uno de esos juicios en los que el compañero era, además de
Letrado, un caballero y Su Señoría, otro). Atascada como iba, aparqué de
cualquier forma y me puse la toga mientras cerraba el coche para ganar tiempo,
cogí mi bolso nada funcional, mi maletín, mi expediente (que no cabía en el
maletín) y salí disparada sobre mis botas nuevas cuyos tacones casi superaban
en longitud a la caña y, bajo una ligera llovizna, me dirigí hacia la puerta del Palacio
de Justicia… Entré patinando (me gustaría poner que “entré deslizándome”, con
todas las Gracias inherentes a esa palabra, pero no: patinando y a
trompicones). Me salvó el Guardia Civil, con un “¡¡Niña, pa´lo poca cosa que es
usted, qué follón que da!!!”… Le di las gracias porque los recortes en
Educación aún no nos afectaban y subí corriendo de nuevo y desafiando al
Destino hasta la primera planta, donde estaban todos expectantes ante mi
aparición… Y no les defraudé: conforme entraba, la capa al vuelo (a mi me viene
tan grande la toga que, en lugar de imponer respeto, parezco Batman, quien,
como superhéroe es una birria y su único poder es tener pasta) se enredó en mis
piernas, la velocidad extrema que había alcanzado se convirtió en su cómplice,
mis pies se alzaron en lo que, de haber estado allí Jacques Rogge (Presi del
C.O.I., que lo he mirado en Glu-Glú, Google para los puristas), me habría
valido la clasificación inmediata en los Juegos Olímpicos, la cartera y el
bolso salieron cada uno por su lado, desperdigando obscenamente su contenido (y
advierto: en mi bolso puede haber cualquier cosa. Ese día se materializó, por
ejemplo, un destornillador), el expediente se diseminó, volando libre, mis
brazos abiertos hacían que pareciera el Ángel de la Muerte (o un cuervo, vete
tú a saber, pero como es mi historia, pongo lo que más me gusta)… Todo esto con
la sensación de estar en una escena de Kill Bill, a cámara lenta… Hasta que mi
trasero tocó el suelo… Me quedé ahí, despatarrada, sabiendo que había dejado una
fuerte impresión en los presentes, mudos de asombro… Mi cliente me miraba
estupefacto, seguramente valorando la idea de declararse culpable directamente,
no fuera a empeorarle yo la cosa… El tiempo se hizo relativo… Rompiendo el
encanto se acercó un amigo (abogado, también) que hacía tiempo que no veía.
Creí que me iba a echar una mano. Le sonreí y, entonces, me dijo: “Cris, no
tenía muy claro si eras tú, hasta que he visto la caída. “… Marca de la casa…
2ª.- Estoy cenando en un restaurante
con amigos y me levanto para saludar a unos conocidos que estaban en una mesa
más alejada. Al volver, observo que hay una mesa redonda, por la que he de
pasar, llena de chicos la mar de guapitos. Y, como yo los miro, ellos me miran.
Y, como ellos me miran, yo pienso “Ahora voy a pisar con estilo y los voy a
dejar impresionados”… Y, con estilo, me lanzó (con acento en la “o”) en picado
un poco de líquido que había en el suelo. Quedé entre dos de ellos, ante la
mesa redonda, con una rodilla en el suelo y la otra arriba, casi esperando a
que me nombraran “caballero”… Ninguno articuló palabra… Seguían observándome, aunque
ahora ya no creía que fuera por mi elegancia innata… Así que no me quedó más
remedio que decir: “A vuestros pies….”… En su defensa he de manifestar que no
se rieron ni un poquito, pero mis compañeros de cena (amigos hasta aquella
noche) compensaron ese lapsus con creces… Tuve que llevar toda la noche una
bolsa de hielo y fingir una lesión dolorosa para ver si les remordía la
conciencia y bajaban el tono de las burlas…. Es obvio que lo único que conseguí
fue que se me congelara la rodilla y se me acalorara el ánimo….
3º.- Esta fue en el cine. Entraba a
ver una película cualquiera. Acababan de apagar las luces por primera vez para
los anuncios. Yo llevaba en la mano un bote de esos gigantes de palomitas…
Tropecé con un escalón traicionero y, tratando de mantener el equilibrio, moví
los brazos espasmódicamente… Al final, no aterricé en el suelo y, cuando iba a
felicitarme a mí misma por tamaño logro, se encendieron las luces de la sala y
pude observar a todos los espectadores de cuatro filas a la redonda, cubiertos
de palomitas, desde el pelo hasta la cintura que se perdía en los asientos:
hombres, mujeres y niños nevados… Eso sí, era preciosa la estampa…
Lo bueno de tanta torpeza es que he
aprendido a caer con glamour… Recuerdo otra vez que se me salió zapato y
también me desplomé. Un viejecito que estaba sentado y lo vio me dijo: “Joven,
se ha caído usted con tanto estilo que parecía que estaba bailando”… Desde
entonces, cuando me levanto tras un episodio de esto, saludo y reclamo
aplausos…
El martes es mi santo, podríais
regalarme tiritas, yodo y vendas… Voy a amortizarlo fijo….
P.D.; Os recuerdo que mi página de Facebook se llama "Red Carpet by Cristina Birlanga" (vale, vale, no me he calentado mucho la cabeza para escoger el nombre pero prometo que, en mi próxima estancia hospitalaria, dedicaré tiempo a mejorarlo).
P.D.; Os recuerdo que mi página de Facebook se llama "Red Carpet by Cristina Birlanga" (vale, vale, no me he calentado mucho la cabeza para escoger el nombre pero prometo que, en mi próxima estancia hospitalaria, dedicaré tiempo a mejorarlo).
BUENAS CRISTINA,
ResponderEliminarNO ME CONOCES PERO UNA AMIGA MÍA ME RECOMENDÓ TU BLOG Y TENGO QUE DECIR A TU FAVOR QUE ME ENCANTA, QUE ME HE REIDO UN MONTÓN Y HACE QUE SEA MÁS LLEVADERO EL TENER QUE TRABAJAR EN JULIO Y ESTAR CONTANDO LOS DÍAS QUE FALTAN HASTA AGOSTO, TE DOY LAS GRACIAS Y ESPERO QUE SIGAS ESCRIBIENDO YA QUE LA VERDAD ES QUE ENGANCHAS.
GRACIAS
MªJESÚS
Tus caídas, con el estilo que tienes seguro que son espectaculares. Además, estos batacados no se olvidan nunca por mucho tiempo que pase, desde luego, lo importante, además de no hacerte daño es salir airosa de los mismos. En mi vida, me he caído al suelo mil veces, ya de mayor (la mayoría bailando) una de las últimas fue en Laude N.C, estaba explicando en clase un ejercicio de Grand Allegro y quise impresionar a las presentes cogiendo buena altura en el salto y lo que hice fue caer desde la misma sin apoyar los pies, mi cuerpo cayó al suelo produciendo un increíble templor y un tremendo ruido. Las alumnas se quedaron con caras de espanto y hasta que no escucharon mis carcajadas, no se atrevieron a cambiar la mueca. Una de ellas escandalizada, salió a llamar a la enfermera, cuando llegó a los 2 minutos, mi pie parecía el del novio zombie de Alaska y a pesar de no poder andar, les dije a las niñas que estaba perfectamente para que sus preciosas caras fueran recobrando el color rosado. ;))))
ResponderEliminarLas caidas con estilo siempre vienen bien.
ResponderEliminarCuenta con el Betadine
¿ sabes lo que es reir a carcajadas imaginando a toda una fila cubiertos de palomitas, mirando hacia ti con cara de acelga y tú : - eh?..hum!....je? . Como en las de Billy Wilder, Blake Edwards, P. Boganovich...
EliminarGracias por alegrarnos un poquito la vida dandonos a conocer tus "caidas Con estilo" Que en su momento para ti fueron vergonzosa pero a la larga se convierten en um dulce recuerdo pela muelas jajajajajajaa
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